«

»

Lyubov Orlova, el buque fantasma

A la deriva, sin combustible, electricidad, pasajeros ni tripulación, sólo ocupado por cientos de ratas y algunas toneladas de residuos. Se desconoce su posición. El pasado 31 de marzo, el Lyubov Orlova, un buque de pasajeros de 100 metros de eslora, emitió su última señal, emitida por una baliza de emergencia de una de sus barcas de salvamento, que se había activado al caer al agua. Esta pista situaba al barco a unas 700 millas al oeste de Irlanda. Desde entonces, nadie sabe nada más de él. Como en un relato de B.Traven, una historia más de buques fantasmas en la que quedan en evidencia egoísmos de gobiernos, intereses económicos y una clara dejación de responsabilidades.

Liubov Petrovna Orlova fue una de las grandes estrellas del cine soviético. En 1976, un año después de su muerte, como homenaje a esta diva, un nuevo barco salido de los astilleros yugoslavos Brodogradiliste Titovo fue bautizado con su nombre. El buque tenía bandera de la URSS y el casco reforzado para poder navegar en aguas glaciales realizando viajes turísticos en el Ártico y el Antártico para un centenar de pasajeros.

Tras varios cambios de propiedad y bandera (actualmente está matriculado en el puerto de Avatiu, Islas Cook), el barco inició una espiral de problemas tras embarrancar en isla Decepción en el 2006, un territorio antártico del que fue rescatado por el Las Palmas, buque oceanográfico de la armada española. Además de ser superado tecnológicamente por otras naves más modernas, también perdió el favor de agentes turísticos que lo fletaban, al ir enlazando averías. Finalmente, en el 2010, las autoridades canadienses lo retuvieron en Terranova al sumar deudas por un cuarto de millón de dólares. En el puerto de St. Johns también quedó atrapada su tripulación de 51 personas, a la que se le adeudaba medio año de salarios.(*)

Dos años después, un oscuro personaje iraní, en representación de la Neptune International Shipping, se hizo cargo de parte de la deuda, responsabilizándose también de sacar el barco del puerto con un remolcador, pues las máquinas no funcionaban. Su plan era llevarlo hasta la República Dominicana para desguazarlo.

Zarpó el 20 de enero, pero la mala suerte que arrastraba el buque seguía vigente: a las 36 horas de salir de puerto y en medio de una tormenta, el cable de arrastre del remolcador se partió, y ya no pudo recuperarlo. Las autoridades de Canadá sólo reaccionaron días después, cuando el barco se acercó demasiado a las instalaciones petrolíferas en alta mar, enviando un potente remolcador de su armada para controlarlo. Una vez pasado el peligro, en lugar de devolverlo a puerto, se recibió la orden de soltarlo nuevamente. Al estar en aguas internacionales, nadie quiso hacerse cargo de él: ni el nuevo propietario, ni el país de bandera ni ningún otro. Las compañías especializadas en rescate de barcos tampoco mostraron ningún interés, al saber que no obtendrían recompensa alguna en caso de recuperarlo.

Y así ha seguido el Lyubov Orlova desde finales de febrero, en mitad del Atlántico norte, a merced del tiempo, las corrientes y el azar. Ya sin combustible, ningún aparato eléctrico funciona salvo alguna baliza de emergencia, por lo que localizarlo con otros medios que no sean visuales es prácticamente imposible. Las autoridades marítimas de Islandia e Irlanda están en alerta por su posible aparición… Lo mismo hagan los vagabundos del mar, especialmente quienes navegan en solitario!

* Eso es algo que suele pasar… en Barcelona conocimos a los tripulantes del Isabel I, de bandera albanesa, que entre 2007 y 2008 se quedaron viviendo en el buque, sin dinero para volver a su país hasta que poco a poco fueron repatriados. Y en los años años anteriores fueron abandonados de la misma forma varios barcos mercantes (el Ira, el Claudia Trader, el Stratis II, el Astoria…) y hasta un crucero estadounidesne (el Seawind Crown, en el que se quedaron tirados 260 tripulantes de 25 países distintos!).

Este post está basado en un articulo de Javier Ortega Figueiral aparecido ahier en el periodico La Vanguardia.

 

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *