un personaje descomunal

Henry Wakelam

Nacido en Shangaï en 1931 de padre inglés y madre siberiana, la guerra obliga su familia a abandonar la China, entonces se insedian primero en  Malesia, luego en Sudáfrica. Es allí que Henry construye su primer barco, de madera, de 6,5 metros: el Wanda…
Quienes leyeron los primeros libros de Bernard Moitessier* se habrán fijado en este personnaje, cuyo sentido del bricolaje confina con el puro genio. En los años cinquenta, entre Durban y Cape Town, una amistad inevitable se forjaba entre los dos marineros, unidos por un estilo de vida bohemio, por el arte de apañarse, y por el indomable instinto de navegar.

En 1957 son entre los primeros en utilizar cabullería sintética en un yate: ¡reciclaban hilados utilizables desde cachos de amarras de nailon que los balleneros tiraban a la basura, y les trenzaban para fabricarse drizas! De Wakelam, Moitessier parece también haber aprendido una gastronomía sin inhibiciones: cormoranes y pingüinos, gaviotas y hasta croquetas para perros constituían una alternativa barata al régimen de pescado.

Zarpando desde Cape Town, los dos navegantes solitarios juegan a la regata a través del Atlántico, parando a st. Elena, visitando Ascensión y Fernando de Noronha, para acabar a Trinidad y Tobago. Cada vez que Marie Thérèse II fondeaba, Wanda ya estaba allí…

Desde las Antillas Henry cruza de vuelta el Atlántico y alcanza Inglaterra, dónde encuentra un trabajo y se casa a Ann. Siempre a bordo de Wanda, la pareja llega a Marsella, donde encuentran una vez más a Bernard Moitessier, que con Françoise está preparando el Joshua (¡Bernard cuenta que Henry, para ayudarles, le instaló el motor, en pocos días y sin ni sacar el barco del agua!).

Al mismo tiempo, siendo demasiado pequeño para una pareja viviendo a bordo, Wanda es vendido, y Henry compra para un módico precio su primer casco de acero, de 10m, desde… ¡el fondo del mar! Laboriosamente llevado a flote – gracias a la astucia y a la determinación de Henry- en pocos meses (y con muy poco dinero) el casco es transformado en el ketch ” Shafhai ” **, que en 1962 servirá de barco-escuela junto con Joshua, para que ambas parejas puedan alimentar las respectivas cajas de a bordo.

Pero el siguiente invierno Henry decide repetir la hazaña: esta vez se trata de un casco de acero de 15 m, construcción holandesa de 1936, que Henry salva del fondo del mar y transforma en un ketch: el “Pheb” ***. Hasta sus amigos más confiados son maravellados por la velocidad con la cual Henry realiza esta nueva empresa, y el año siguiente, después de la temporada de escuela de vela en el Mediterráneo, Pheb traerá a Henry y Ann a través del Atlántico.

Cuatro años más tarde, la pareja ya tiene un bebé y Ann está embarazada otra vez: la fiebre de la falta de espacio a bordo afecta de nuevo al hombre de mar, y esta vez Henry se enamora de unos restos verdaderamente exagerados: un vapor de 41m, entrado en servicio en 1911, reparado en 1951 – Cuando 2 motores diesel son instalados en lugar de las calderas- y definitivamente desarmado en 1963. Al principio de su desmantelamiento, el casco “se escapa” del puerto rompiendo las amarras durante el ciclón Ines en septiembre ’66, y acaba varado sobre un banco de arena. Para los chatarreros no sería rentable recuperarlo… Para Henry Wakelam es sólo el principio de una nueva aventura.
En siete años de trabajos titánicos, casi a solas (porque Ann debía ocuparse de los niños), Henry construye un impresionante velero de tres mástiles, que bautiza Nahoon.

Después de algunos ensayos en mar entre la Martinica y Guadalupe, en ’76 la administración marítima pide la regularisación del buque…Henry y su nueva compañera Babette deben irse, ya que no podrían pagar los impuestos de un barco de ese tamaño, y ponen rumbo hacia Trinidad y Tobago.

Trás algunos años de peregrinaciones caraíbicas y de ciclones evitados por un pelo, agotado por el mantenimiento del Nahoon, Henry comienza la construcción de un barco más pequeño: Operculum, un 42 piés en poliéster, con el cual en 1984 (una vez vendido el Nahoon a californianos que pensaban transformarlo en un restaurante) se hace a la mar para acabar en Nueva Zelanda, dónde todavía vive al día de hoy.

En 2006 una paraeja de navegantes franceses, Hélène y Gilles Blaisot, durante su escala en Nueva Zelanda conocen a Paul Farge, un viejo lobo de mar que había sido tripulante de Yves le Toumelin en el Kurun. El viejo marinero los lleva a casa de Henry Wakelam, que vive con Yannick (su actual compañera) en una pequeña casa de campo, que naturalmente construyó él mismo…
Es gracias a ellos que conseguimos su dirección y pudimos ponernos en contacto con él…
Recibir su respuesta (cuatro páginas escritas de su puño y letra) fue muy emocionante, pero leerla nos encantó aún más… Muy lúcido y todavía en forma a pesar de sus 80 años y un accidente de coche que en 2007 le causó “clavícula fracturada, costillas de estribor empujadas en el diafragma y en el pulmón de babor, pelvis fracturada y pierna de babor rota” Henry subraya que todavía está totalmente independiente, y que antes de necesitar a alguien que se ocupe de él preferirá volarse con dinamita. Está muy satisfecho de su pequeña casa, de su huerta y sobre todo de su taller,  equipado incluso de un torno, donde continúa dedicándose al bricolaje de altura, con la esperanza de construir algún día la invención con la I mayúscula (ya tiene dos patentes a su nombre).Nos felicitó por la iniciativa de repararnos un viejo barco, más bien que comprar un “tupper” de serie, y se puso a nuestra disposición para todo género de consejo relativo a la reconstrucción de L’Alliance, ya que de barcos oxidados controla bastante… Ahora estamos todavía más anciosos de que los trabajos se acaben y que finalmente podamos irnos, porque tenemos un destino seguro: ¡rumbo a la costa néozélandesa para ir a conocerle personalmente!

 

 

 

 

*Moitessier habla de Wakelam en “Vagabundo de los mares del sur”, pero también en “Cabo de Hornos a la vela”
** Contracción del nombre de las ciudades natales de Ann y Henry, respectivamente Shaftesbury y Shangaï
*** Contracción de “PHares Et Balises” (Faros Y Balizas), la empresa pública para la cual el barco había sido construido

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