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Patagonia Sin Represas

La construcción de un número todavía indeterminado de grandes proyectos hidroeléctricos de embalse en la Patagonia chilena se cierne hoy como una grave amenaza a la integridad ambiental de este valioso territorio y, por lo tanto, es motivo de preocupación a nivel nacional y mundial.

La Campaña Patagonia Sin Represas se inicia en el año 2007, a través del Consejo de Defensa de la Patagonia (CDP), una coalición que hoy reúne a más de 70 organizaciones locales, nacionales y extranjeras, unidas solidariamente en oposición a los proyectos de mega represas en la Patagonia chilena. Las raíces y espíritu de esta campaña han estado desde siempre radicados en la región de Aysén, y desde ahí se han desbordado al resto del país, constituyéndose hoy en un gran movimiento ciudadano, que incluso ha traspasado las fronteras de Chile.

Desde la pagina web http://www.patagoniasinrepresas.cl (con contenido también en inglés y en italiano) quiero destacar una reflexión particularmente interesante sobre la estrecha relación entre degradación ambiental y desequilibrios sociales:

Demasiadas veces, cuando se habla de desarrollo sustentable, no se asume que la degradación ambiental es un fenómeno sociocultural, una consecuencia de una sociedad mal estructurada que entre otros fenómenos negativos destruye la base ecológica en la que se sustenta.

Constatamos que no puede existir armonía social habitando ecosistemas degradados y no se puede lograr sustentabilidad ecológica desde sistemas sociales desequilibrados. A mayor degradación social mayor degradación ecológica y viceversa. La necesidad del cuidado del medio ambiente es algo demasiado obvio. Una sociedad que ve esto, y que no actúa correctamente en este vital ámbito claramente tiene errores epistemológicos inmanentes en su entramado sociocultural que generan este “punto ciego” letal.

La historia de la humanidad muestra que los sistemas sociales que generan inequidad, pobreza y degradación humana y se estructuran en agudas y estratificadas pirámides jerárquicas, generan simultáneamente la destrucción del entorno. Si hacemos la observación por el otro extremo, constataremos que las sociedades que destruyen su entorno son socioculturalmente patológicas. Afortunadamente existen numerosos ejemplos de lo contrario: pueblos arraigados con culturas comunitarias armoniosas, con sistemas sociales que tienden a la horizontalidad, adaptados con notable inteligencia y éxito incluso a los ecosistemas más extremos del planeta.

Nuestra sociedad necesita internalizar realidades tales como que la naturaleza y la humanidad conformamos un continuum espacio-temporal. Por lo tanto nuestro desafío siempre ha sido, y sigue siendo lograr la adaptación más creativa, inteligente y eficiente posible a nuestro entorno natural. Cuidar la naturaleza es cuidarnos. Cultivar la naturaleza es cultivarnos.

Necesitamos entender y cultivar las dinámicas, elementos, estructuras y fenómenos naturales que sustentan la estabilidad de la biosfera como sistema integrado, del cual formamos parte. Incluso hoy necesitamos urgentemente emprender, local y globalmente, la restauración de ecosistemas para lograr, por ejemplo, la estabilización del sistema climático de nuestro planeta. Para esto tenemos que disminuir drásticamente, y también eliminar, prácticas y opciones sociales y tecnológicas entrópicas.

Necesitamos asumir como sociedad que la energía del sol que sustenta y dinamiza toda la vida sobre la Tierra ingresa a la biosfera exclusivamente a través de los organismos fotosintéticos: plantas, fitoplancton… Mientras más vivos e incontaminados estén los océanos y mientras más bosques crezcan en la Tierra, habrá más energía disponible para todos los seres de la biosfera, incluyéndonos a nosotros.

Necesitamos asumir que la naturaleza se sustenta y equilibra en la diversidad y la complejidad de la comunidad biótica. Mientras más naturaleza se desarrolle en el planeta mejores posibilidades de homeostasis para la biosfera y la humanidad.

Necesitamos responder a la necesidad vital de armonía ambiental que tenemos los seres humanos. Necesitamos raíces e identidad sociocultural y ecológica; necesitamos comunidad, e incluir en esta a la naturaleza que nos sustenta; necesitamos belleza para un desarrollo humano armonioso. La belleza y la armonía socioecológica no son lujos, son una necesidad vital y un derecho de todos los seres humanos.

Necesitamos asumir e internalizar que son los ecosistemas, la biosfera y Gaia quienes sustentan nuestras sociedades y economías, y no a la inversa; que el aire, agua, alimentos y calidad de vida son producidos por la naturaleza, no por nuestras tecnologías e industrias.

A pesar de que la civilización se niega a asumirlo, es evidente que en este planeta existen claros límites ecológicos, capacidades de carga ecosistémicas acotadas, etcétera. Esto no limita nuestro desarrollo. Respetando estos límites podemos “jugar” infinitamente con los elementos de la naturaleza. Nuestras opciones de desarrollo, así como las tecnológicas dependen de nuestros valores, de nuestra cultura, de nuestros deseos. Ningún tipo de desarrollo es inevitable y ninguna opción tecnológica es obligada. Tenemos infinitas opciones.

Lo único que debiera “limitar” y orientar nuestro desarrollo, es el respeto real, irrestricto, profundo por todas las personas, complementado con la lúcida comprensión de las reglas básicas del juego de la vida. Tal como los ecosistemas se sustentan en la biodiversidad y la complejidad de la comunidad biótica, los sistemas sociales se benefician, se estabilizan y son mucho más creativos y productivos con la libertad real de todos sus miembros, con la diversidad y la riqueza cultural.

Muchos de los principios y valores practicados por diversos pueblos a lo largo de la historia de la humanidad para lograr la sustentabilidad comunitaria y ecológica son aplicables hoy en las sociedades modernas. Actualmente, sin embargo, en muchos casos, poder aplicarlos implica cambios significativos, tanto estructurales, a nivel societal, como conductuales, a nivel individual.

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